
Había una vez una chica a la que le gustaban demasiado los paraguas de colores, especialmente el negro.
Cierta mañana de Abril en el que llovía sin parar, la chica del paraguas olvidó su paraguas, y por primera vez en su vida se había mojado con la lluvia del cielo. Por primera vez sintió su cuerpo; frío y caliente a la vez, una sensación especial que le produjo una alegría sutil y valerosa. Desde entonces la chica del paraguas comprendió que un poco de lluvia sobre su cabeza no será nada más que una caricia de amor por parte del cielo azul.
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